Todo el mundo ha pensado alguna vez que las cosas son más difíciles de lo que parecen. Y, quizá también, que a veces no lo son tanto como queremos ver. Al protagonista de El truco, de Víctor Barba, le ocurre algo parecido. Es un pintor en la cuarentena, atrapado en un bloqueo emocional que se convierte en crisis creativa y que avanza incluso hasta el desequilibrio físico. Paralizado. Convencido de que su problema no tiene salida. «Yo llevaba un par de años cayendo y seguía sin ver el fondo. En Oriente piensan que estas son oportunidades que recibes para poder cambiar y crecer, pero lo cierto es que, cuando estás pasando el trance, en lo último que piensas es en dar gracias por ello. Porque el dolor te ciega y solo buscas huir de él. Mi huida era el ejercicio físico hasta la extenuación o sumergirme durante horas en la naturaleza». Pero, a pesar de huir y huir, termina por emprender un camino interior que le conduce a la salida.

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